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Última actualización: Sep 14, 2017

El Papa abre una nueva vía para beatificar: Ofrecer la vida aceptando la muerte segura

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Misa de canonización de la Madre Teresa de Calcuta / Fotos: Daniel Ibáñez (ACI Prensa)

A través de un Motu Proprio (documento que parte del mismo Papa Francisco), el Vaticano establece una nueva posible causa de beatificación: la del ofrecimiento de la propia vida. Esta nueva causa se añade a las otras tres ya existentes y contempladas hasta el momento por la Congregación para las Causas de los Santos: la del martirio, la de las virtudes heroicas y la de las causas excepcionales. “Son dignos de especial consideración y honor los cristianos que, siguiendo más de cerca las huellas y las enseñanzas del Señor Jesús, han ofrecido voluntaria y libremente la vida por los otros y han perseverado hasta la muerte en este propósito”, explica la Santa Sede. El texto también manifiesta que “es verdad que el heroico ofrecimiento de la vida, sugerido y sostenido en la caridad, expresa una verdadera, plena y ejemplar imitación de Cristo, y por tanto, es merecedora de aquella admiración que la comunidad de los fieles reserva a menudo a aquellos que voluntariamente han aceptado el martirio de sangre o han ejercitado en grado heroico las virtudes cristianas”. La nueva disposición recibió el parecer favorable de la Congregación de las Causas de los Santos en la sesión plenaria del 27 de septiembre de 2016 tras estudiar detenidamente estos casos. El Motu Proprio establece, por tanto, que “el ofrecimiento de la vida es un nuevo caso en el proceso de beatificación y canonización, distinta de los casos del martirio y de la heroicidad de las virtudes”. Para que el “ofrecimiento de la vida” sea válido en la beatificación de un Siervo de Dios, debe responder a “el ofrecimiento libre y voluntario de la vida y heroica aceptación por caridad de una muerte segura y rápida”; “ejerciendo, al menos en grado ordinario, las virtudes cristianas antes de ofrecer la vida y, después, hasta la muerte”; la “existencia de fama de santidad y de signos, al menos después de la muerte” y “la necesidad del milagro para la beatificación, que tenga lugar después de la muerte del Siervo de Dios y por su intercesión”. Las otras tres vías En un artículo, el periódico oficial del Vaticano, L’Osservatore Romano, detalla cuáles eran hasta ahora las otras tres vías. En la del martirio, se contempla la “aceptación voluntaria de la muerte violenta por amor de Cristo, de parte de la víctima”. “El odio del perseguidor por la fe o por otra virtud cristiana” así como “la mansedumbre y el perdón de la víctima que imita el ejemplo de Jesús, el cual en la cruz invocó la misericordia del Padre por sus nuevos asesinos”. En la vía de las virtudes heroicas, se deben ejercer “convenientemente, con prontitud, agradablemente y sobre el modo de acción común, para un fin sobrenatural y por un coherente periodo de tiempo, es decir, hasta hacerlo convertirse en un modo habitual de ser y de actuar conforme al Evangelio”. L’Osservatore Romano aclara que “se trata de las virtudes teologales (fe, esperanza, caridad), cardinales (prudencia, justicia, fortaleza, templanza) y ‘anexas’ (pobreza, obediencia, castidad humildad)”. La tercera vía es la menos conocida y menos habitual. Se trata de la de los “casos excepcionales”, llamados así por el Código de Derecho Canónico. “Su reconocimiento lleva a la confirmación de culto antiguo, llamada también “beatificación equivalente”. El periódico detalla la diferencia entre la vía del “martirio”, la de las “virtudes heroicas” y esta nueva del “ofrecimiento de la vida”: “aunque tienen elementos que las hacen parecerse, es una nueva vía que intenta valorizar un heroico testimonio cristiano, hasta ahora sin un procedimiento específico, porque no entraban en las causas del martirio ni tampoco en la de las virtudes heroicas”. Sin embargo, respecto a la del martirio “se diferencia porque no hay un perseguidor que querría imponer la elección contra Cristo”. Sobre la vía de las virtudes heroicas, la principal diferencia es que “no es la expresión de un prolongado ejercicio de las virtudes, y, en particular de una caridad heroica”. Por tanto, para que esta nueva causa sea válida, “se requiere un ejercicio ordinario de vida cristiana, que haga posible y comprensible la decisión libre y voluntaria de donar la propia vida en un acto supremo de amor cristiano, que supere el natural instinto de supervivencia, imitando a Cristo, que se ha ofrecido al Padre por el mundo, en la cruz”, dice el artículo.

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