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Última actualización: Sep 14, 2017

¿Por qué desde hace 700 años existe la tradición de tatuar a cristianos en Jerusalén?

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En Jerusalén vive una familia que desde más de 700 años realiza tatuajes a los cristianos coptos y a los peregrinos de todo el mundo que visitan Tierra Santa. La familia Razzouk tiene su estudio de tatuajes en la ciudad de Jerusalén. Actualmente el encargado del negocio es Wassim Razzouk. En declaraciones a CNA -agencia en inglés del Grupo ACI-, el hombre de 43 años contó el origen y la importancia de esta tradición. “Somos coptos, venimos de Egipto, y en Egipto existe una tradición de tatuar a los cristianos. Mis antepasados fueron algunos de los que tatuaban a los cristianos coptos”, expresó. La primera evidencia de los tatuajes cristianos se remite a los siglos VI y VII en Tierra Santa y Egipto. Con el tiempo, esta práctica se comenzó a replicar en las comunidades cristianas de las iglesias etíopes, armenias, sirias y maronitas. Actualmente, en algunas iglesias coptas el tatuaje sirve para identificar a los cristianos y estos deben de mostrarlo cuando quieren ingresar en algún templo. Con el inicio de las Cruzadas en el año 1095, la costumbre de tatuar a quienes culminaban su peregrinación a Tierra Santa fue adoptada por los visitantes europeos. También existen registros históricos que revelan que alrededor del año 1600 los peregrinos continuaban realizando esta práctica, y esta costumbre ha prevalecido hasta la actualidad. La familia Razzouk inició su negocio de tatuajes hace siete siglos en Egipto y después de visitar Jerusalén como peregrinos, decidieron instalarse allí definitivamente alrededor del año 1750. “En los últimos 500 años hemos tatuado a los peregrinos en Tierra Santa y esta tradición ha pasado de padre a hijo”, contó. Antiguamente, estos artistas cristianos creaban sus propias tintas para los tatuajes y utilizaban sellos para plasmar las imágenes en la piel. Wassim ha dejado de usar la antigua receta familiar para la tinta, que se elaboraba con hollín y vino, y emplea tintes esterilizados. Él utiliza casi todos los 168 sellos de su familia, que tienen cientos de años. A diferencia de sus antepasados, que aplicaban el tatuaje a la piel utilizando sólamente el sello, él pasa el diseño del sello a un papel, luego lo coloca sobre la piel para calcar el dibujo y después tatúa la imagen con una pistola. Los dibujos más solicitados por los clientes son la cruz de Jerusalén -que tiene cruces pequeñas en cada uno de sus cuatro lados-, las imágenes de la Virgen María, de San Miguel Arcángel, de la Resurrección, corderos, rosas y la estrella de Belén. Wassim suele acompañar la imagen con el año en el que la persona culminó su peregrinación en Tierra Santa. Entre los clientes más famosos de la familia Razzouk se encuentran el Patriarca Ortodoxo de Jerusalén, Teófilo III, así como varios líderes cristianos de Etiopía. También han buscado su trabajo cristianos provenientes de países donde sufren persecución y peregrinos de distintos países y ritos cristianos. Un peregrino estadounidense llamado Matt Gates indicó a CNA que, a pesar de tener muchos tatuajes, el que se hizo en el local de los Wassim “tiene un significado especial”. “Pienso que no existe una mejor manera para conmemorar una peregrinación que en este negocio”, expresó. Una tradición en peligro En 1947, durante la guerra por la Independencia de Israel, muchos de los palestinos que realizaban la práctica de los tatuajes cristianos huyeron de Jerusalén, entre ellos los Razzouk. Cuando terminó el conflicto, esta familia regresó y son los únicos en la ciudad que practican el oficio desde hace siglos, a diferencia del resto de personas que se dedican a ese negocio. Otra circunstancia que puso en peligro la supervivencia de esta tradición familiar fue que hace unos diez años Wassim y sus hermanos decidieron estudiar otras profesiones. “Yo no quería hacerlo. No me interesaba tatuar y como esta era una especie de responsabilidad, no quería”, expresó Wassim y comentó que optó por estudiar hotelería. Sin embargo, un día estaba leyendo en Internet una entrevista que un medio de comunicación le había hecho a su padre, Anton Razzouk, sobre el negocio de los tatuajes. “Él decía que estaba muy triste: pensaba que esta tradición y el legado de nuestra familia iban a terminar porque yo no quería continuar con ellos”, contó. En ese momento pensó que “no quería ser ese tipo cuyo nombre estaba escrito en algún lugar de la historia como el que interrumpió esto, el tipo que terminó con todo”. Wassim aprendió de su padre el oficio del tatuaje y estudió las técnicas modernas. Introdujo cambios en el negocio como los rudimentos de salud, seguridad y de esterilización de los instrumentos y tintes. También mudó la sede del local de los callejones del barrio cristiano de Jerusalén a la puerta de Jaffa, que está ubicada en una zona concurrida. Actualmente Wassim trabaja con su esposa Gabrielle y están comenzando a enseñarles a sus hijos el arte del tatuaje cristiano, aunque tienen cuidado de no presionarlos para que en el futuro se hagan cargo del negocio familiar.

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